
Postrado en el columpio del patio particular de mi casa. Embelesado con las constelaciones que adornan esta gélida noche de octubre.
Quizás llueva. O tal vez caigan granizos. Lo cierto es que no aguanto ni un mísero segundo más.
Es tan negro y profundo el horizonte que decido pescar. Mi anzuelo necesita estrellas. Luciérnagas que iluminen la monotonía de las jornadas.
Nada de fugacidad. Apartar lo efímero.
Cabello al viento, esperaré al amanecer para volver, cuando en mi mochila no exista ningún recoveco vacío de luceros nocturnos.
Cuando provoque un incendio de nieve, saltaré nuevamente a la realidad.
P.D: Queso para un mamón
No hay comentarios:
Publicar un comentario