
Historias míticas. Singulares e increíbles. Aunque quizás no haya que recurrir a la mitología para disfrutar cada noche en tu mundo impulsivo y fantástico. Escapaste de tu casa para ser tu propia reina, para navegar a través de los mares. Abrazas las olas y todos los días son Navidad. Eso mismo pensó Atalanta, hija de Esqueneo, rey de Esciros.
Hace mucho, pero que mucho tiempo, la joven Atalanta sentía tanta pasión por la caza que no abandonaba jamás los bosques ni las montañas. En sus habituales y repetidos ejercicios conseguió adquirir tanta ligereza y velocidad en la carrera que era imposible poderla alcanzar. Un día que se veía perseguida por dos centauros tuvo tanta bastante fuerza y agilidad para matarlos a flechazos.
Pedida en matrimonio por una multitud de pretendientes, Atalanta les anunció, de acuerdo con su padre, que sólo concedería la mano a aquel que lograse vencerla en la carrera, pero que daría muerte sin piedad a los vencidos. Muchos habían perecido ya cuando Hipomenes, protegido por Venus, se presentó para formar parte en esta lucha tan difícil. Habíole dado la diosa tres manzanas de oro procedentes del jardín de las Hespérides y le había instruido sobre el uso que de las mismas debía hacer. Suena la señal de partida. Hipomenes se lanza el primero en la liza y deja adrede caer las tres manzanas a cierta distancia una de otra. Atalanta las recoge, pierde tiempo y se deja tomar ventaja viniendo a ser la espoda de su vencedor.
Que nada ni nadie te detenga, ni siquiera el oro más preciado del mundo. Corre, corre y vuelve a correr. Demuéstrale al mundo la pasta de la que estás hecha. No puedes ser alcanzada. Eres más fuerte que la propia realidad. Sólo con la habilidad de Atalanta podrás llegar a la guarida de tus deseos.
No existe la música. No quiero que escuches. El único sonido que percibirás será el de tus carcajadas, el de tu corazón, que a ritmo de sístole y diástole vivirá alborotado por cada experiencia. Que la marea no te deje la miel en los labios. El único aroma que percibiré será el de tu pelo cuando roce con los collares de un alfabeto donde sólo existe tu nombre. Islas inundadas. Atrapas con tu red historias, remolinos de sentimientos. Burbujas de hielo y un libro en blanco. Versos por escribir en el papel mojado.
La arena está sobrevalorada. Tan sólo son piedras diminutas. Piedras preciosas existen en menor cuantía; piedra filosofál sólo existe una. Bienvenida. Gracias por asistir al nacimiento de un nuevo universo. Un universo tan pequeño que es inexplicable cómo puedes caber en él. Un universo poblado de elefantes de colores, pero sobre todo, un universo del cual eres la piedra filosofal.
P.D: Queso para un mamón





