miércoles, 6 de octubre de 2010

La piedra filosofal


Historias míticas. Singulares e increíbles. Aunque quizás no haya que recurrir a la mitología para disfrutar cada noche en tu mundo impulsivo y fantástico. Escapaste de tu casa para ser tu propia reina, para navegar a través de los mares. Abrazas las olas y todos los días son Navidad. Eso mismo pensó Atalanta, hija de Esqueneo, rey de Esciros.

Hace mucho, pero que mucho tiempo, la joven Atalanta sentía tanta pasión por la caza que no abandonaba jamás los bosques ni las montañas. En sus habituales y repetidos ejercicios conseguió adquirir tanta ligereza y velocidad en la carrera que era imposible poderla alcanzar. Un día que se veía perseguida por dos centauros tuvo tanta bastante fuerza y agilidad para matarlos a flechazos.

Pedida en matrimonio por una multitud de pretendientes, Atalanta les anunció, de acuerdo con su padre, que sólo concedería la mano a aquel que lograse vencerla en la carrera, pero que daría muerte sin piedad a los vencidos. Muchos habían perecido ya cuando Hipomenes, protegido por Venus, se presentó para formar parte en esta lucha tan difícil. Habíole dado la diosa tres manzanas de oro procedentes del jardín de las Hespérides y le había instruido sobre el uso que de las mismas debía hacer. Suena la señal de partida. Hipomenes se lanza el primero en la liza y deja adrede caer las tres manzanas a cierta distancia una de otra. Atalanta las recoge, pierde tiempo y se deja tomar ventaja viniendo a ser la espoda de su vencedor.

Que nada ni nadie te detenga, ni siquiera el oro más preciado del mundo. Corre, corre y vuelve a correr. Demuéstrale al mundo la pasta de la que estás hecha. No puedes ser alcanzada. Eres más fuerte que la propia realidad. Sólo con la habilidad de Atalanta podrás llegar a la guarida de tus deseos.

No existe la música. No quiero que escuches. El único sonido que percibirás será el de tus carcajadas, el de tu corazón, que a ritmo de sístole y diástole vivirá alborotado por cada experiencia. Que la marea no te deje la miel en los labios. El único aroma que percibiré será el de tu pelo cuando roce con los collares de un alfabeto donde sólo existe tu nombre. Islas inundadas. Atrapas con tu red historias, remolinos de sentimientos. Burbujas de hielo y un libro en blanco. Versos por escribir en el papel mojado.

La arena está sobrevalorada. Tan sólo son piedras diminutas. Piedras preciosas existen en menor cuantía; piedra filosofál sólo existe una. Bienvenida. Gracias por asistir al nacimiento de un nuevo universo. Un universo tan pequeño que es inexplicable cómo puedes caber en él. Un universo poblado de elefantes de colores, pero sobre todo, un universo del cual eres la piedra filosofal.


P.D: Queso para un mamón

martes, 5 de octubre de 2010

Incendios de nieve


Postrado en el columpio del patio particular de mi casa. Embelesado con las constelaciones que adornan esta gélida noche de octubre.

Quizás llueva. O tal vez caigan granizos. Lo cierto es que no aguanto ni un mísero segundo más.

Es tan negro y profundo el horizonte que decido pescar. Mi anzuelo necesita estrellas. Luciérnagas que iluminen la monotonía de las jornadas.

Nada de fugacidad. Apartar lo efímero.

Cabello al viento, esperaré al amanecer para volver, cuando en mi mochila no exista ningún recoveco vacío de luceros nocturnos.

Cuando provoque un incendio de nieve, saltaré nuevamente a la realidad.
P.D: Queso para un mamón

lunes, 4 de octubre de 2010

La ilusionista


A ti, que tanto dominas el arte de lo onírico, la plasticidad de la fábula. A ti, que transformas la monotonía en sueño. A ti, que me enseñaste a diferenciar dos conceptos...

Extracción: Apropiarse de los secretos del subconsciente justo en el momento que la mente de la víctima es más vulnerable, ni más ni menos que durante el sueño.

Incepción: Implantar una idea en el subconsciente en lugar de sustraerla.

Tú eliges. Ladrona de sueños o aportadora de imaginación. En ambos casos se esperan muecas sonrientes en las que lo superficial y lo nefando quedan en un segundo plano. Tú eliges: extracción o incepción.

Pero sea cual sea tu decisión, sueña.

Sueña hasta que tu mente diga basta.
P.D: Queso para un mamón

domingo, 3 de octubre de 2010

Olor a tierra mojada

Llueve hoy y me gusta. Gotas de ilusión cargadas de sonrisas resbalan por los cristales, mientras tú y yo bebemos café caliente y besos y nos tapamos con la manta de caricias y colores. Te voy a contar una historia:

Había un charco delante de mi puerta. Un charco triste, oscuro y mojado, como son todos los charcos. Y me imaginé siendo charco, a tus pies.

Desolado, esperando que lo pises, o que lo seques. O más bien que te lo bebas. Pero que no lo ignores.

No lo había pensado pero... creo que ese charco eras tú. Harto y desecho, rendido al suelo.

Esperando mis pies. Tal vez yo también me convierta en un charco y me caiga dentro. Y me bebas.


P.D: Queso para un mamón

Un mundo ideal


El amor, como la vida, está lleno de tiempo-basura.

Como la vida, el amor se descompone al final en un puñado de momentos brillantes.

El resto es un vago malestar: fenómenos metabólicos, estadísticas, humo.

Y sin embargo, ni el amor ni la vida son mal negocio. Hay momentos que duran para siempre. Como esos caminos rectilíneos, ilimitados, donde para hablar del amor tienes que acudir a términos como inagotable, incalculabe, perenne...
La vida y el amor carecen de límites, de hojas que se caigan, de barrenderos que cada noche velen por la seguridad del corazón.

En el amor, como en la vida, no importa el sitio. Eso está de más. Quererla. Y no ser capaz de demostrar con hechos y palabras lo morrocotudamente fascinante que es esa persona para ti. Tan infinitamente inmensa que no existen definiciones para ella. Sus pequeños detalles, donde la insignificancia resultan superlativos cuando ves sus nervios e inquietud.

Pero te sentiste atribulado ante su presencia en la nimia y mínima noche. Sabes que querrías matar monstruos por ella. Adentrarte en sus pesadillas, calmado y respirando profundo por el sencillo dibujo de su imagen, a la que ahora sólo puedes acceder si cierras los ojos.

El amor, como la vida, rebosa ficción. Ser capaz de indagar por alguien, aunque sea algo irrealmente irreal. Aquí las ganancias no importan. Tan sólo se buscan sonrisas. Observando como antaño descifrabas sus sentimientos y enviabas sus monstruos por correo urgente a otros mundos, lloras por el cariz incierto del amor y la vida. Te gustaría que algunos momentos duraran para siempre.
P.D: Queso para un mamón

sábado, 2 de octubre de 2010

Trenes de plastilina


Creía que era adulto. Empero, no es capaz de atarse los cordones sin la incondicional ayuda de una mano ajena. Su zapato izquierdo, roído por los ratones pordioseros con los que se ha topado en los últimos tiempos.

Acantilado. Representa una trágica obra de teatro. Muerte de un viajante. Los vaivenes de su experiencia han hecho que las piezas de dominó caigan una tras otra. El péndulo se quedó en punto muerto.

Salta. Su vida, carente de significante y significado, no llega a besar el mar. Mientras baila en el aire, un tren lo salva y le encuentra acomodo en clase turista. Un tren de plastilina, con el que poder moldear sus sentimientos a su antojo.


P.D: Queso para un mamón

viernes, 1 de octubre de 2010

Por detrás de tus pasos

Hoy me levanté sin ganas de escribir. Sin querer pensar. Sin someter a mi cabeza a un constante intercambio de ideas. Las copas de los árboles están hoy más que nunca colmadas de esperanza.

Cerezos en flor ondean al compás del viento. De las ramas baja una ardilla. Le pongo un sombrero. No quiero que se le escapen los sueños.

Cesa la frígida lluvia y el diminuto roedor decide navegar por el arco iris. Milésimas.

La oscuridad ha cambiado de color drásticamente. Sigo en el bosque. Un bosque que ahora veo de un verde tan jubiloso que me aventuro en sus entrañas subido en una góndola. No hay que tener miedo. El arco iris me protege.


P.D: Queso para un mamón